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El Trùc, un juego de Pascua. Por Catalina De Faccio

El Trùc es un juego tradicional de Pascua. Esta antiquísima tradición se mantiene aún hoy en Cividale. Se conocen documentos antiguos que mencionan a este juego en el siglo XVIII, pero se sabe que es aún más antiguo. Consiste en hacer descender los huevos -deben ser de gallina y estar cocidos- rodando hacia abajo por un campo de juego construído con arena casi redondo, y que tiene un punto de partida, una teja, por donde los jugadores deben tirar los huevos. En ese punto tendrá un metro de altura y luego desciende. El objetivo es el de golpear los huevos de los contrincantes. Aquel que golpea un huevo que ya este en Trùc tiene otro tiro. El jugador que resulta abatido debe pagar una moneda para poder rescatar el suyo y ponerse en fila para esperar su pròximo tiro. La Pascua fue siempre un momento importante para el friulano, sobretodo para los que estaban lejos de su tierra.
Siendo una tradición que se transmitía de generaciones, nos tocaba a nosotros aprenderlo. Contentos todos los chicos por tener un juego que era solo nuestro, sabiendo que era el que jugaban nuestro padres en Friuli.. pero además porque unía a toda la familia. Los preparativos comenzaban una semana antes. Se pensaba en la comida en ir a misa pero también a preparar el Trùc! Ante todo se elegían los huevos más lindos para después pintarlos o decorarlos. Mi madre, Alba, me enseñó a prepararlos como los hacía mi abuela Catalina en Cividale. El caso era que todos los primos habíamos tenido la misma abuela! Entonces hacía falta un poco de creatividad para que no fueran todos iguales.
Por ejemplo los envolvíamos con cáscaras de cebolla, metiendo otras cáscaras, hojas de perejil u otras hierbas, se volvían a envolver con pedazos de trapos de algodón, se ataban con piolín y se hacían hervir durante quince minutos. El efecto era maravilloso. Para pintarlos había que hervirlos primero, una vez fríos se dibujaban con diseños pascuales, florcitas, los nombres de los jugadores, etc. Y con lo que había en casa se pintaban. Nos esforzábamos para hacer los huevos más lindos y originales. El sábado de Pascua mi tío Guerino preparaba el campo de juego con la arena y los ladrillos. Mi padre Aldo le iba a dar una manito, porque llevaba mucho trabajo hacerlo.
Me acuerdo de las carcajadas con mis primos cuando los huevos al golpearse se desarmaban. Cuanta alegría ver a nuestros padres jugar como cuando era chicos. Y después de haber roto todos los huevos, se iba a comer la rosca y los huevos de Pascua tan merecidos!

El carnaval en el Friûl

En el Friûl el carnaval es mucho más que una fiesta de disfraces: desde el mar hasta las montañas se siguen ritos ligados a tradiciones llenas de significado. El mundo vuelto al revés de esos días de fiesta, el sentimiento de renovación que se transmite, las trasgresiones y la alegría, las bromas y la diversión hacen de esta celebración un momento que se comparte entre todos, desde los más chicos hasta los mayores. Invita a la participación, no solamente a sentarse a mirar.
En Grado se realiza una evocación medieval llamada "Manso Infiocao", que simboliza la defensa exitosa del ataque del Patriarca de Aquileia en 1162. Se realiza un desfile que recuerda el tributo anual de 12 cerdos y un ternero que los habitantes de Aquileia debían entregar cada jueves de carnaval a los venecianos. En 1162 el Patriarca de Aquileia -Voldarigo- y algunos señores feudales intentaron invadir Grado, pero fueron derrotados por el Dogo de Venezia y sus marineros que intervinieron para defender la isla. El "manso infiocao" se convirtió en el símbolo del evento y de los festejos. Hasta la Segunda Guerra Mundial, para las celebraciones se elegía un ternero real, cubierto con una capa y adornado con borlas (fiocchi), sustituído posteriormente por una figura en cartapesta acompañada por un cortejo de cientos de personas vestidas de época y que finaliza con un espectáculo danzante en el Campo Patriarca Elia. El "Carnevale Muggesano" tiene sus orígenes lejanos en la tradición veneciana con influencia de la península de Istria.

En Nimis, también se realizan desfiles de carros durante tres días en la plaza principal. Participan además de las propias del pueblo, algunas compañías venidas de otras zonas, incluso de otros países. En realidad las festividades comienzan enseguida después de la Epifanía, cuando sale de la cueva el Pust -del dialecto protoeslavo- que es el símbolo del carnaval y como se lo conoce en toda esta zona. Pust es sinónimo de libertad para hacer bromas, un desencadenarse durante este período del año. Los carros tienen temas diversos, pero es tradicional el carro que protesta contra el aumento de los impuestos o con temas de actualidad.
El "Pust v Baneciji", en dialecto el "Carnevale nelle Valli del Natisone", es un evento que une la alegría y la diversión de los disfraces con la recuperación de ritos antiguos y peculiares. Animado con figuras de animales, caricaturas de personas, ángeles y diablos; presencias misteriosas, algunas benévolas y otras más oscuras que simbolizan el eterno alternar del bien y el mal. El pasaje de la fría estación a la promesa de la primavera que llega. En el desfile participan compañías del Friuli y de la vecina Eslovenia, también tradicionales, entre ellas Cerkno, la más bella de la región goriziana. Tienen máscaras talladas en maderas y coloreadas, vestidos con musgo y ramas de abeto en las manos. O con hojas de hiedra o pieles de animales. Los cuadros representan batallas y duelos con grupos de leñadores armados con palas y horquillas para el heno. Luchan ritualmente en una danza propiciatoria para aumentar la cosecha.

La Gnot dai muarts

Se cree que la noche del 31 de octubre y el primero de noviembre señala el pasaje de un año al otro, entre el tiempo de la luz, del calor y los campos florecientes, y el tiempo de la oscuridad, el frío y la tierra que parecía muerta. Por siglos había sido vista como una noche encantada donde no solo se cruzaban años y estaciones, también el mundo de los vivos con el de los muertos, el mundo de los hombres con el de las criaturas mágicas. La noche de los muertos, como se la conocía en Friuli, veía al pueblo atraveasdo por las procesiones de los muertos, animas que tan solo por una noche regresaban del más allá. Mientras que sus familias ponían ollas repletas de agua para que pudiesen apagan su sed.

San Nicolò y los Krampus de la Carnia

En el anochecer del 5 de diciembre en muchos pueblos de la Carnia y de la Pedemontana friulana se festeja San Nicolò. Según la tradición, con una barba abundante y blanca, acompañado de ángeles, distribuía dulces a los niños buenos. No traía grandes regalos, una fruta seca y algo más. Apenás el sol se ocultaba tras las montañas, San Nicolò desaparecía dejando a la población a merced de los diablos, i Krampus, que dedicaban la noche a la búsqueda frenética de niños malos. Los Krampus tienen máscaras horribles, sus ropas están sucias y viejas, mientras recorren las calles hacen sonar lúgubremente campanas y cuernos.

Son varias las leyendas que se atribuyen el origen de esta festividad. Una de ellas dice que en época de carestía, los jóvenes de los pueblos de montaña se disfrazaban usando pieles y cuernos de animales. Irreconocibles, aterrorizaban a los habitantes de otros pueblos vecinos, robando las provisiones necesarias para pasar el invierno. Los jóvenes se dieron cuenta de que entre ellos había un impostor: el diablo en persona, que aprovechando de su cara horrible, se había introducido en el grupo oculto, pero reconocible por sus pies en forma de pezuña de cabra. Se llamó entonces a un obispo, Nicolò, para exorcizar tan horrible presencia. Una vez derrotado el demonio, cada año, los jóvenes enmascarados como el diablo, continuaron en llegar hasta los pueblos vecinos, ya no a despojar, sino para llevar regalos, acompañados por la figura del obispo que había derrotado al mal.

Otra leyenda dice que un cierto obispo Nicola di Slovenia -o di Carinzia- que había vivido alrededor del 1500, tenía por costumbre, hacer regalos en su propio cumpleaños. La fiesta, se repitió en su honor, después de la muerte del obispo. En el trascurrir de los años, al obispo vestido con paramentos blancos con una barba frondosa del mismo color se le acercó un grupo de krampus con caras infernales y cuernos puntiagudos. Esta tradición se mantiene viva en muchas localidades de la Carnia.

Santa Lucia

«A Udine e nel Friuli pianigiano, i regali non li porta San Niccolò, ma Santa Lucia, il 13 dicembre» -En Udine y en la bassa friulana los regalos no los trae San Nicolò, los trae Santa Lucía el 13 de diciembre-.

Antes del siglo XIV esta fecha coincidía con el solsticio de invierno a causa del desfasaje entre el año solar y el calendario giuliano (antes del calendario gregoriano que usamos actualmente), esto ayudó a unir en el imaginario popular a Santa Lucía con la luz. Muy venerada en los países nórdicos, en el Friûl es una santa que trae regalos. Aparentemente la festividad podría haber sido traída desde Venezia durante los años de ocupación del territorio por La Serenissima. En algunos pueblos, se realizaban ferias en su honor, en Udine, en el borgo San Lazzaro, en Arta Terme, en Caneva. En Venzone, esta fecha era día de mercado, la última oportunidad para interncambiar productos con la comunidad de Val Resia, que con las primeras nevadas, quedaban aisladas hasta la primavera siguiente. Mario Martinis en "Il grande lunario del Friuli" editado por la "La biblioteca del Messaggero Veneto" dice que Santa Lucía, como la Befana -la bruja buena que trae los regalos en Italia- es una figura simbólica bipolar, al festejarse en el día más corto del año, se la asociada con la luz solar diaria que comienza a crecer, pero también con la oscuridad invernal.

El nombre Lucía, la versión femenina de Lucius del latín, en su raíz contiene a Lux-luz, significaba originariamente nacida en las primeras horas de la mañana. La Santa, que vivió en Siracusa -Sicilia- del año 283 al 304 DC, sufrío el martirio bajo el Emperador Dioclesiano (perdió sus ojos por no querer casarse en contra de su voluntad y abjurar de su fe cristiana) es protectora de la vista. Sus reliquias descansan en Venezia, traídas en la cruzada del Doge Enrico Dandolo, y su culto se extendió a los territorios que estuvieron bajo la dominación veneciana. Y se extendió a los territorios más allá de los Alpes hasta Checoeslovquia donde asume la función de traer la luz en el invierno y regalos a los niños buenos; y carbón a aquellos más traviesos. Santa Lucía vendría acompañada por un burrito, y en muchos pueblos se usa en la puerta de las casas pasto y agua para el burro y biscochos para la Santa. En los días previos, para aumentar la ansiedad de los niños, se agitaba una campanilla por las calles de los pueblos. Los niños, preocupados, corrían a esconderse porque según la tradición, no podían ver a la santa que podría arrojarles cenizas en los ojos para impedirlo.

Las tradiciones de la Pasqua

La colombute en la rama de olivo
Una hermosa tradición es regalar un ramito de olivo bendecido con una palomita blanca símbolo de Paz y Amor. La palomita se obtenía de la médula de una planta jóven de higo. Se toma una rama de la planta nombrada primero, se la toma entre uno y otro nudo. Y se extrae la médula interna ayudándose con un palito. A la médula extraída es necesario tratarla con delicadeza para no romper su natural longitud. Separarla en tres pedacitos y se le da forma a la palomita. Con un pincel azul o negro se le marcan los ojitos y con naranja el pico. Despenachar con la punta de la tijera la colita. Después atar la palomita en una rama de olivo, hacerla bendecir el Domingo de Ramos y regalarla a una persona querida.

Cràzzulis
El jueves y el viernes Santos las campanas de las iglesias permanecen en silencio. En otro tiempo, los chicos corrian por la calle con arneses ruidosos llamados cràzzulis, mazzalutis, batècui o batitòcs que era una representación de las heridas infringidas a Jesús o el ruido provocado por los hebreos a la vista de Cristo. En algunas localidades, las mismas iglesias tenían sus cràzzulis, incluso de grandes dimensiones, que eran usadas por el campanero para marcar las misas durante el período de silencio de las campanas.

La gubane
Redonda, misteriosamente espiralada, dentro esconde un relleno dulce con perfume de grapa y sabor a nueces, canella y pasas. Su cuna son los valles del Natisone, y originalmente se lo preparaba para la Pasqua en las casas. Los ingredientes básicos son sencillos, el truco está en como armar la espiral y el secreto del relleno. Algunos les agregan amarettis, grappa, licores destilados, cacao amargo, miel, almendras, frutas abrillantadas, malta. El nombre de la Gubana podría ser de origen esloveno, ya que guba significa doblez en ese idioma. En Trieste y Gorizia toman otras formas y nombres, Presnitz -la masa es más parecida al strudel, no lleva levadura- y la Putizza -que fue presentado por primera vez en Trieste para agazajar a la joven Emperatriz Sissi, a mitad del siglo XIX, también su masa es hojadrada pero lleva un poco de levadura-. Se lo sirve generalmente regado con slivovitz, un licor obtenido por destilación de las ciruelas, conocido desde el 1409 cuando, como deja testimonio Angelo Correr di Venezia, fue servido en un banquete celebrado por la visita di papa Gregorio XII a Cividale del Friuli.

Las tradiciones navideñas en el Friûl

De la antigua iglesia aquilense, llega el Missus o novena de Navidad. Durante los 9 días anteriores al 25 de diciembre la comunidad se reúne en el templo para prepararse para la Navidad. La plegaria comienza con el canto del Missus, es decir, el párrafo del Evangelio en el que habla de la anunciación del Angel a María (Lc 1, 26-38). La melodía varía de un pueblo al otro, pero conserva fundamentalmente la entonación propia del canto aquilense.

Otra costumbre muy difundida era el encendido del Nadalin, llamado también Zoc, la noche de vigilia de Navidad. Siendo de origen pagano, fue apropiada por el Cristianismo, dándole un valor bien preciso: el Niño Jesus venía a calentar a cada familia y a cada corazón. El Nadalin es un gran tronco, generalmente de haya, nogal o morera, escogido durante el año y dejado estacionar para garantir una óptima cantidad de calor, pero sobretodo una larga duración. Ubicado en el fogolâr, el nadalin era encendido antes de la misa de medianoche, por el miembro de la familia más jóven, vigilado por aquél más anciano. El nadalín debería mantenerse encendido hasta el comienzo del año, pero habitualmente se podía mantener ardiendo hasta la Epifanía el 6 de enero. La ceniza se depositaba en los 4 ángulos de los terrenos de la familia para proteger la cosecha contra el granizo y los temporales.

En algunas localidades del Friûl, en la víspera de Navidad, los chicos acostumbraban a formar cortejos, que guiados por una estrella -símbolo de la Natividad- montada sobre un asta, iban de puerta en puerta. Los niños entonaban villancicos recibiendo como recompensa frutas y dulces. También se repetía a fin de año, simplemente como otra forma de visitarse las familias entre sí. Actualmente esta costumbre continúa viva solamente en Sauris -en la Carnia-.

Entre los ritos litúrgicos de este tiempo de regocijo, la bendición del agua era muy importante. En algunos pueblos se llevaban a la iglesia grandes tinajas para ser bendecidas, que luego la población guardaba para su uso personal. Se podía tomar como medicamento, para el cuerpo y el espíritu; o llevaba a las casas en frascos y utilizada como amuleto contra enfermedades misteriosas y contra el mal de ojo. A veces, antes de la bendición se hacía una procesión en la que un niño, que recibía el nombre de "la mascarute", llevaba frente a sí una cruz y representaba el ingreso al período del carnaval. Una creencia muy difundida es que los animales podrían hablar en esa víspera de la Navidad.

De todas las tradiciones, el Pignarul es el más espectacular. Se trata de uno de las más antiguas costumbres, cuyos orígenes se pierden en el tiempo, pero podemos sospechar que algo tienen que ver los celtas y sus ritos de fuego. Estaría ligado a la adoración de Beleno, protector de la luz en la mitología celta, una figura muy venerada con ritos y sacrificios relacionados con los ciclos solares. Se enciende una hoguera en la cima de las colinas en su honor, al caer el sol el 5 o 6 de enero. El significado de los fuegos se debe buscar en ritos de propiciación y purificación celtas, después las cenizas de estas hogueras sagradas se esparcían en los campos para alejar maldiciones y garantizar cosechas abundantes. La cristianización del Friûl no extinguió esta costumbre, al punto tal que en algunos pueblos el párroco bendice la hoguera. En la pira se queman ramas, pasto y todo lo que prenda fuego fácilmente, la tarea de prepararlos queda a cargo de los pignarulârs, gente jóven del lugar. Una buena escusa para congregar a toda la comunidad, que suele llevar a bailes y canciones iluminados por el fuego, alejando el frío invernal. La dirección que toma el humo de la hoguera es también motivo de interpretación: "se il fum al va a soreli a mont, cjape il sac e va pal mont; se il fum invezit al va de bande di soreli jevât, cjape il sac e va al marjât", una predicción sobre si el año será bueno o habrá que buscar nuevos horizontes, la migración laboral que caracterizó al Friûl.

El período de la Navidad es además un momento de declaraciones amorosas. Ofrecer agua bendita a una joven después de la Misa de Medianoche o dejar un tronco en su puerta equivalía a una declaración formal. Una de las costumbres más misteriosas y fascinantes son las Cidulis. Consiste en un antiguo rito, también de origen celta, en el que los jóvenes lanzan desde la altura de una colina, rodajas encendidas de pino o de abeto. Con cada lanzamiento, se acompaña con una filastrocca con augurios afortunados dedicados a un amor secreto, a una pareja real o inventada. Era además, un augurio de buena suerte. Hasta hace poco, los primeros lanzamientos se dedicaban al Santo Patrón del pueblo, al párroco, al intendente y recién después a las chicas a las que estaban destinadas. Ellas esperaban ansiosas escuchar su propio nombre, ser olvidada era una prueba de poco aprecio. Muchas veces se armaban bailes espontáneos y bromas improvisadas por los organizadores del festejo.

Las doce noches sagradas entre Navidad y Epifanía

El período del año que va desde Navidad a Epifanía -del 25 de diciembre al 6 de enero- se lo llama las 12 noches sagradas; y tiene su punto culminante en la noche de año nuevo. El primero de enero, ha tenido sin embargo una especial consideración porque llegaba después del solsticio de invierno y al estar entre Navidad y Epifanía, quedaba al centro del período más importante del año. Llamado por algunos "el ciclo de los 12 días" o de las "doce noches sagradas", en la muerte aparente de la naturaleza, en la concentración de la vida social al estrecho vínculo de la familia, de la casa, del establo; corresponde el regreso de los muertos a la tierra, que poco tiene de pavoroso, ya que los convierte en figuras protectoras que acuden en el momento de mayor necesidad.

La noche de fin de año es el punto culminante de este período porque el mundo se destruye y se rehace, el cosmos se anula y se reconstruye, el tiempo pasado se detiene y el futuro nuevo comienza, los fantasmas de los antepasados dan aliento a los vivos. En el Friûl occidental, el 31 de diciembre es un momento de pagar todas las deudas, de terminar los trabajos pendientes; para no llevar al nuevo año tareas y deberes inconclusos que traerán mala suerte. En Spilimbergo hay un dicho "Prima di miezanot ai debis i pensi jò, dopo miezanot ca i pensin cheialtris". El carácter mágico y sacro de esta noche aparece claramente en la prohibición di "far fila", es decir no trabajar hasta tarde en hilar o tejer, con huso o con aguja en algunas localidades cercanas a Pordenone. Relaciona el hilado, una actividad puramente femenina de invierno, con rituales que se remontan a las comunidades neolíticas.

La "bonaman o buine man" -la buena mano o mano de la suerte- es un ritual muy extendido para el primero de enero. Las personas que van a salir de casa llevan en los bolsillos nueces o avellanas para dar a los amigos que podrían encontrar en la calle. En cada encuentro se le pide al otro "fame/dame la bonaman", y se recibe algún fruto seco que debe ser retribuido a su vez. En un principio era un evento mágico-social colectivo, que involucraba conocidos y extraños, que se fue reduciendo, con el tiempo, al ámbito privado y familiar. "Si no tu lavori il prin da l'an, no tu lavori par dut l'an" -su no trabajás el primero del año, no trabajás en todo el año- es un proverbio de Sottomonte di Meduno. Sin embargo, otros piensan que los que se comienza el primero de enero no llega a terminarse en todo el año.

La tradición más curiosa relacionada con el comienzo del año son las "pate o patte", de origen milenario. Se trata de observar las condiciones meteorológicas de esos doce días, asumiendo que cada día se corresponderá con un mes del año. Así se podía hacer una predicción metereológica de caracter mágico. En algunos pueblos, se usaba poner 12 granos de maíz sobre la piedra caliente del fogolâr, dejándolos que se calienten y exploten. Se estudiaba el comportamiento de cada uno, en relación con un mes del año. Si caía hacia adelante, ese mes iba a ser bueno, o si caía hacia atrás, sería un mes de mal tiempo o de malas condiciones económicas, que desaconsejarían llevar la cosecha al mercado. Estas predicciones también se podían hacer con manzanas u otras frutas.

El juego de la mora

Las primeras noticias de a mora vienen del Antiguo Egipto: en una tumba de un alto dignatario de la corte de la XXV dinastía, se puede ver a muerto que estira el brazo con un número indicado, puesto enfrente de otro jugador. En una pintura de una ánfora griega se puede ver a Helena y Paris, que juegan a la mora con las manos. Pero las noticias más claras de la difusión de este juego vienen del Imperio Romano, cuando Cicerone escribe: "dignus est qui cum in tenebris mices", es decir, es una persona decente a tal punto, que puedes jugar a la mora en la oscuridad. En latín la palabra mora se dice "micatio", del verbo "mico" que significa relámpago, referido a la velocidad con que se mueven los dedos.

En los tiempos sucesivos hay gran cantidad de testimonios de su difusión en Europa, con jugadores de mora como tema de algunas pinturas. Este juego es una de las pocas cosas que se pueden hacer para pasar el tiempo los soldados, de los legionarios romanos a los soldados italianos en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.

Cómo se juega

Se puede jugar de a dos o de a 4 pesonas, pero siempre oponiéndose dos cada vez. Los jugadores tienen el puño derecho a la espalda o descansando sobre la mesa, después lo adelantan al mismo tiempo, mostrando rápidamente uno más dedos, diciendo o mejor dicho, vociferando un número entre 2 y 10, adivinando cuál puede llegar a ser la suma de sus dedos y los del adversario. Si el número indicado corresponde a la suma gritada (el puño cerrado vale 1), se marca un punto a favor de aquel que ha adivinado. Si se juega en una mesa, se han marcado dos hileras de palitos con tiza y una línea que los separa; el jugador que vence, borra uno de sus palitos. Gana el equipo que los borra todos. Si se juega de a 4 personas, quien hace el punto, sigue jugando y aquel que ha perdido es sustituido por su compañero. Si ambos adivinan la suma, el punto no vale. Si nadie adivina, esa pareja sigue jugando hasta que haya un vencedor.

La mora no es un juego tan fácil de jugar como parece al vuelo. Se debe decir al mismo tiempo un número y mostrar con la mano otro que permita que, la suma que se trata de adivinar, sea posible. Al mostrar los dedos es necesario concentración. Habitualmente los jugadores expertos, después de unos pocos puntos, pueden llegar a adivinar a la primera el número de la suma. Después hay una serie de trucos y jugarretas que ponen en dificultad al adversario, que están al límite de la legalidad y que llevan a discusiones infinitas. Incluso el número que se grita debe ser fácil de entender y hay modismos y formas diferentes de decirlo que cambian de pueblo en pueblo, y de persona en persona. La mora fue prohibida por el Fascismo, considerada como causa de discusiones y peleas, y esta ley está actualmente en vigor en los locales públicos. La mora se juega con la mano y con la voz. La maleabilidad de éstas permiten a los jugadores más expertos de cambiar los dichos y generar malentendidos; de ahí las peleas y discusiones.

Il purcit di Sant Antoni

En los pueblos de la Carnia, hasta hace no mucho tiempo, se usaba criar al purcit di Sant Antoni para los necesitados de la Iglesia o para ayudar a alguna familia que pasaba una mala temporada. De esta forma de deambular del chancho nace el dicho "Tu seis come il purcit di Sant Antoni" para decir que una persona andaba dando vueltas alrededor. El Santo es el protector de los animales y de hecho su imagen se pone en las puertas de los establos, en los chiqueros, en los campos de pastoreo y en los malgas -donde se extre la leche y se preparan los quesos- en la montaña. Se dice que en la noche de San Antonio, los animales tienen el don de la palabra.

La fraternidad del Santo, que en la Edad Media gestionaba los Hospitales y los albergues para peregrinos (y tanto en el Friûl, uno de los más famosos estaba en San Daniele); siempre tenía disponible algún chancho que podía caminar libre en el pueblo; todos le daban de comer, todos lo alimentaban como una forma de garantía colectiva. Una alcancía viviente (que no por casualidad a veces toma la forma de un chanchito) donde se podía guardar dentro algo para los momentos de carestía, o para un extraño que podía tener la necesidad, o para el enfermo que se debía recuperar rápidamente.

También en el mundo monástico, que tenía una dieta principalmente vegetariana, la carne de cerdo era administrada como medicina para los monjes que se enfermaban. Se lo puede leer en la Regal de San Benedicto, una especie de manual para monjes benedictinos. Una vez carnedado, el chancho de San Antonio se convertía en una reserva alimentaria de todos los que lo necesitaban. Providencia, ahorro, generosidad y una visión ecuménica social, como una especie de tendencia antigua del pueblo friulano. Sin olvidarse de una lágrima de alegría dentro del dolor.

"Che il cjacjà di famee si lu vai scjafoiant il marum cuntun bon tai in compagnie!" Que el rencor de perder el chanchito de la familia se traga con un buen vaso en compañía!.

La Corsa dai mus

El primer fin de semana de septiembre, cuando el verano se está despidiendo, se realiza desde aquel 6 de septiembre de 1891 en Fagagna, Provincia di Udine, esta singular carrera que es un homenaje a un animal testarudo, paciente y trabajador, el burro.

La primera carrera se realizó en una comunidad cuya economía era aún de tipo feudal, por lo que había grandes propietarios de tierras, colonos a quienes se permitía trabajar la tierra pero debían pagar un porcentaje al dueño y muchos peones agrícolas. La sagra de septiembre era una ocasión única de encuentro, de diversión y una oportunidad de conocer lo que estaba ocurriendo en el mundo. Hacia fines del siglo XIX en Fagagna, los caballos casi eran desconocidos, mientras estaba muy difundida la cría del burro. Eran estos animales de hecho, los protagonistas de la vida cotidiana en el trabajo de la tierra, podían transportar pesadas cargas y se lo usaba hasta para hacer girar las ruedas de los molinos. Era una fuente de recursos esencial en la subsistencia de la familia friulana.

Nace entonces la voluntad de convertirlos en las estrellas de un evento que otros lugares estaba destinado a los más "nobles" caballos. El senador Pecile intuyó que un espectáculo con los burros como protagonistas, modestos animales campestres, sería divertido, imprevisible y habría ganado rápidamente el favor del público. Ni hablar de la satisfacción que le daba a los campesinos saber que su burro, paciente y tenaz compañero de fatigas, pero también cabeza dura e indolente, se convertía en una sola carrera en un verdadero campeón, del que hablaban todos durante días.

Osmiza

En el Carso, a caballo entre Italia y Eslovenia, florecen estos lugares donde se consumen y se producen vinos y productos caseros (huevos, jamón, salame, quesos) y naturalmente vino directamente en los casas y bodegas de los campesinos que los producen. Se las encuentra tanto en Triestre como en Eslovenia. En los últimos años, se ha extendido hacia la Istria eslovena y Austria - en Viena se la llama Heuriger-. Esta costumbre es muy antigua, de la época de Carlo Magno, cuanto Istria y Trieste fueron abandonados por los bizantinos y formaron parte del Reino Franco. Una ordenanza de Carlo Magno concedía a los vitivinicultores del imperio el derecho a vender directamente su vino, usando un cartel -una frasca- para indicar la actividad. Muchos documentos atestiguan la existencia de las osmiza durante la época medieval.

Con un decreto del 1784 del emperador José II d'Asburgo se le permitió a los agricultores vender su vino producido en casa, por un período de 8 días. La palabra osmiza (en esloveno osmica - que se pronuncia osmiza) viene de osem que significa ocho e indicaba la duración de la concesión del periodo de apertura, de 8 días de la osmiza. Los carteles indicadores debían estar bien exhibidos en la calle de acceso y en la casa, siendo penada su contravención. Como complemento a los carteles, una rama cortada de álamo acompaña la indicación y a veces, también se la cuelga en las casas.

Actualmente, los productores del Carso abren sus bodegas y cuelgan carteles en las cercanías, para guiar a los clientes hasta las casas. El período de apertura puede ser superior a los 8 días y viene calculado sobre la cantidad de vino producido. La elección del tiempo se la deja a consideración de cada productor.