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Tercer Domingo de Agosto, día del niño en Argentina
Un homenaje a los pequeños inmigrantes

Lo que indujo a muchas familias del Friuli colinar a emigrar a la Argentina no fue la miseria, sino el miedo a la miseria. En ese miedo, subyace el miedo por los hijos, por su sustento y su futuro.

Los niños el motor de la inmigración

En una tierra empobrecida por las guerras y la migración temporaria de su población masculina joven, que dejaba atrás a los integrantes familiares más débiles, niños, mujeres y ancianos como única fuerza productiva; la emigración definitiva pareció la solución ideal. Permitiendo labrar un futuro y al mismo tiempo dar una adecuada alimentación a la familia, contando con el apoyo afectivo tangible y sin obligarse a viajes contínuos de regreso y partidas dolorosas.

La preocupación por los hijos está ligada a la inmigración. Es lógico, si pensamos que muchos de los inmigrantes no verían a sus hijos en años. La escritora friulana Syria Poletti y su hermana mayor son dejadas atrás cuando emigra la familia, hasta que ellas logran llegar a la Argentina. Otros, no llegan a ver nunca a sus hijos.

Los hijos de los inmigrantes

El amor hacia los chicos constituye en los inmigrantes una especie de fervor. Casi nada está tan bendecido como hacer sacrificios por los hijos. Desde las historias de inmigración el amor a los chicos se erige en sentimiento supremo y hasta sirve no pocas veces de coartada. El amor por los niños se evidencia en el interés por hacerles pequeños regalos, por cocinar para ellos, por brindarles expresiones de cariño en una comunidad que no recurre al dinero para los placeres.

En las familias friulanas muchas veces ese amor no se manifestaba en palabras o en gestos condescendientes, pero surgía, resplandeciente, cuando llegaba la hora de defenderlos de una ataque o de una enfermedad. Taciturnos, hoscos, los padres friulanos exigieron a sus hijos siempre más, siempre cumplir con lo que era correcto; en la perfecta tradición del "Salt, onest e lavoradôr".

El papel de los hijos en la familia inmigrante es fundamental. Se convirtieron en el lazo de unión que vinculaba a los mayores con el nuevo entorno que, a menudo, les resultaba hostil. Los más jóvenes, que se adaptan a gran velocidad, son los encargados de traducir la nueva cultura a sus padres.

Cuando la familia está ausente

No todos los niños tenían quien los cuidara tan amorosamente. El Patronato de la Infancia surgió vinculado con la inmigración, para proteger a los pequeños de los que las familias no podían hacerse cargo. Se fundó el 23 de mayo de 1892, en medio de la gran crisis económica y política que asolaba la Argentina, mientras miles de inmigrantes llegaban al puerto de Buenos Aires con poco más que sus esperanzas en la valija. Un grupo de personas quiso proteger a los niños desamparados que desbordaban los inquilinatos y deambulaban por las calles, y nació el Patronato para cumplir esa misión: desde su creación atendió a más de 1.750.000 niños en situación de riesgo.

Niños inmigrantes una fuerza de trabajo

El niño emigrate constituyó una ayuda fundamental para la familia campesina que fundó las colonias que hoy son ciudades pujantes. Ayudando en la labranza, el cuidado de la casa y de los niños más pequeños, robándole tiempo a su educación y a los juegos.

Los niños que emigraron a las ciudades muchas veces fueron empleados junto con las mujeres en las fábricas, sufriendo a menudo maltratos y explotación. Sin embargo, tenían un acceso más fácil a la educación que los niños que vivían lejos de los centros urbanos más grandes. Muchos de ellos trabajaron fuera de casa o ayudaron en el negocio familiar, y estudiaron para aprender un oficio que les diera un futuro mejor que el de sus padres. Que en definitiva fue el motivo para que toda la familia emprendiera el viaje, en primer lugar.

Cuando orgullosos mostraban sus notas o sus títulos, sus padres friulanos meneaban la cabeza y asentían: era tu deber. El deber ser friulano.

Fuente

• “INMIGRACION Y LITERATURA: COSTUMBRES.” Lic. María González Rouco.
• “La Emigración del Friuli Venezia Giulia en Argentina y Uruguay” Javier Grosutti. Universidad de Trieste.
• http://www.ammer-fvg.org/