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8 de marzo, Día internacional de la Mujer
Un homenaje a las mujeres inmigantes friulanas

Mujeres en movimiento

Se cuenta que en el baúl, entre sus pertenencias, las mujeres inmigrantes traían un delantal. Y que al bajar del barco se lo pusieron anudando las cintas con un tirón, e inmediatamente se arremangaron las blusas. Como para ir ganando tiempo; sabiendo lo que les esperaba: trabajo y más trabajo.
Históricamente los movimientos migratorios incluyeron la participación de las mujeres, pero fueron subestimadas como objeto de estudio. Michel Perrot, en su libro “Mi historia de las mujeres”, afirma: “Las mujeres han migrado en todas las épocas y por toda clase de motivos de manera más onerosa, menos aventurera que los hombres, porque necesitan justificación, contención, incluso apoyo”. Todo emigrante, hombres y mujeres, cuando se decide a emigrar, abre para sí un futuro nuevo lleno de incertidumbres. Dejará atrás los espacios conocidos y familiares, se alejará de los vínculos y costumbres que han dado forma a su vida, perderá muchos de los apoyos que le asistían en sus dificultades emocionales y materiales.

No puede decirse que antes de 1866 -con la unidad de Italia- la emigración no existiera, sino que era estacional, restringida a las poblaciones de montaña más pobres. Los bosques y las praderas alpinas no alcanzaban para subsistir y sus habitantes partían hacia la llanura o cruzando las montañas en busca de mejor fortuna. Las mujeres de la Carnia a menudo, en pareja madre e hija, salían a vender artículos de cocina tallados en madera -cucharas, platos, etc- que habían hecho artesanalmente durante los meses de encierro del crudo invierno. Se llamaban “Sedonere” (de sedon = cuchara) y volvían al hogar desde marzo a mayo para la siembra. Para luego partir nuevamente, a menudo con hasta 60 kilos, en la espalda o arrastrando carritos.

Las primeras mujeres friulanas emigrantes fueron jóvenes de tierna edad -10 o 12 años- que eran enviadas como empleadas domésticas en casas de personas adineradas de las ciudades del norte de Italia. Desarraigadas, se veían privadas de la contención familiar que las niñas de esa edad requieren. Cuando llegaban a la edad de casarse, si habían vuelto al pueblo, volvían a abandonarlo para trabajar como amas de leche. Esta actividad estaba muy difundida ya que la calidad de la leche de las madres friulanas era muy reconocida. Las familias que las contrataban pedían a la joven madre una “prueba de aptitud”. Consistía en hacer correr sobre un vidrio un chorrito de leche materna. Cuanto más lenta caía la gota, más tenor graso y por lo tanto más sustancioso era el alimento que los bebés de los señores recibirían.
A medida que se acercaba el siglo XX la vida rural iba perdiendo terreno y crecían las ciudades. Muchos se resistían a abandonar sus ocupaciones campesinas y prefirieron emigrar cruzando el océano en busca de grandes tierras de labranza y un clima mejor. El papel de los Agentes de inmigración fue fundamental, pues les contaban sobre las bondades de la tierra americana, ocultando las dificultades y sinsabores.
Vinieron muchos más hombres que mujeres en la primera etapa de la inmigración en Argentina. Muchos jóvenes solteros emigraban para evitar una boda arreglada por la familia o arrepentirse por un mal matrimonio.
La emigración femenina trasocéanica es paralela o posterior a la masculina, ya que generalmente llegaba el padre, el esposo o el hermano y luego las “llamaban”. En la mayoría de los casos, los hombres salían en busca de trabajo (temporario o permanente) para revalorizar su oficio o evitar la pobreza de su grupo familiar que permanecía en Italia. Las mujeres en cambio, emigraban con la idea de reunirse con su esposo o familiares en Argentina, y en un pequeño porcentaje por cuestiones laborales.
Pero era el hombre quien decidía cuándo viajar y con quiénes venir: en general la autoridad masculina era delegada en otro pariente varón que acompañaba a las mujeres y a los niños en la travesía hacia el lugar de destino.
La explotación agrícola en las colonias de inmigrantes tuvo un rol decisivo en la mujer hasta la primera mitad del siglo XX. La familias eran grandes, incluyendo a abuelos y tíos. Los roles estaban definidos: el hombre realizaba actividades “rudas” fuera del hogar, mientras que la mujer desempeñaba un papel “tradicional” al dedicarse al cuidado de los hijos, preparación de alimentos, limpieza de la casa y de la ropa y atención del grupo familiar. La familia y las instituciones educativas eran espacios para aprenden comportamientos, actitudes y valores. Desde niños se les enseñaba cómo comportarse en la explotación agropecuaria, frente a sus superiores, y si era niña, a obedecer, a respetar la autoridad masculina o realizar tareas destinadas al bienestar de la familia. Por otro lado, el matrimonio al interior del sector agrícola maximizaba los recursos humanos, al incluir la mujer y los hijos en la chacra.
La segunda guerra y en especial la posguerra significa el comienzo de algunos cambios en la vida de las mujeres. Las mujeres solteras comenzaban a ser incorporadas en las industrias y empresas como obreras y permanecían en su trabajo hasta su casamiento, o hasta el nacimiento de sus hijos.

¿Porqué el 8 de marzo?

El incendio de la fábrica textil Triangle Shirtwaist de Nueva York en el que murieron 146 trabajadoreas ocurrió el 25 de marzo de 1911. Las terribles condiciones en las que mujeres y niños trabajaban fue puesto al descubierto y motivó protestas y marchas. Las militantes socialistas de Estados Unidos venían festejando el día de la mujer el último domingo de febrero desde 1909 para promover el voto femenino. En la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres se presentó la moción de celebrar en todo el mundo el día internacional de la Mujer. La propuesta fue aprobada y cada país eligió la fecha para conmemorarlo. Pero en 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, las mujeres del mundo alertaron sobre los desastres de una guerra y fijaron el 8 de marzo como fecha universal dedicada a la mujer luchadora.

Muchos años pasaron desde que aquella mujer ataba con fuerza su delantal sin saber aún qué trabajo debía afrontar. Las hijas y nietas de aquellas inmigrantes hoy enfrentan el caos de la vida moderna, trabajando fuera de casa y criando con amor a sus hijos.
Al comienzo de cada día, atan con fuerza su delantal imaginario.

Noemi Salvà, Eduardo Baschera
www.fogolares.org

Fuentes:
• La mujer marchigiana en la "pampa gringa" argentina. Lic. María Cristina Ruffini. Portavoce Forum Donne Marchigiane Argentina. Consigliere Titolare Emigrazione Regione Marche http://blogs.monografias.com/
• Servizio Cultura - Provincia di Pordenone
http://www.provincia.pn.it
• L'emigrazione friulana prima e dopo l'Unità d'Italia. Miriam Davide · Michele Bernardon · Sara Bernardon. 2011.
• Mujeres tenían que ser. Historia de nuestras desobedientes, incorrectas, rebeldes y luchadoras. Desde los orígenes hasta 1930. Felipe Pigna. Editorial Planeta. 2012

Las portatrice Carniche, las mujeres friulanas que lucharon en la Primera Gueraa Mundial

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