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15 de marzo 1878
Fundación de Colonia Caroya

“Pocos lugares como Colonia Caroya mantienen tan auténticamente vigente los rasgos y las costumbres propias de ser un pueblo nacido de la inmigración europea (del Friuli - Italia) producto de la política de Colonización de fines del siglo XIX impulsada por llamada generación del ‘80. Esta condición le confiere en la actualidad a Colonia Caroya la sensación de ser un terruño italiano transplantado en el Norte de Córdoba". 

Período Colonial

Podría decirse que la presencia europea en la zona se registra desde los primeros años de la conquista. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, la Estancia Caroya(cuyo nombre según la tradición derivaría del vocablo “Caroyapa”, cara de cuero, con el cual los indígenas denominaban a estas tierras) se integró al sistema que abastecía al Alto Perú por el Camino Real que atravesaba la finca. Desde 1574, como merced de Don Bartolomé Jaimes, uno de los terratenientes de Jerónimo Luis de Cabrera (fundador de Córdoba) y luego, entre 1616 y 1767, como establecimiento rural de la Compañía de Jesús de Córdoba, aportando al sostenimiento del Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat y para veraneo de sus alumnos.

Pero a medida que la actividad en la mina de Potosí fue declinando, y con ella el comercio hacia aquella región, la actividad de la Estancia corrió su misma suerte. Un breve resurgir tuvo lugar en los tiempos de la Guerra de la Independencia. La Estancia Caroya cumplió el importante cometido de ser la Primera Fábrica de Armas Blancas (1814-1816) y Posta para el Ejército del Norte.

Llega el ferrocarril y los inmigrantes friulanos 

Fue recién en el último cuarto del siglo XIX cuando ocurrirían dos hechos que cambiaron definitivamente la vida y el paisaje de este terruño cordobés: la llegada del Ferrocarril y la de los colonos agrícolas. 
En 1876, se abre la línea del FF.CC. Central del Norte, que unía Córdoba con Tucumán, pasando por las tierras de la Estancia de Caroya. En un tren especial, el Presidente Nicolás Avellaneda viaja a aquella la ciudad norteña para realizar la inauguración de esta trascendental obra que permitiría incorporar grandes extensiones de tierras a la producción nacional.
Según relata Luis Gonzalez Warcalde en su libro “Por la ruta de la historia”, a su regreso el Presidente se detuvo en Jesús María, donde se le ofreció un banquete. 
Avellaneda cuya infancia y juventud transcurrieron en Córdoba, pasó muchas de sus vacaciones en la Estancia de Caroya como alumno del Colegio de Monserrat. Incluso algunos de sus parientes y amigos habitaban en las estancias vecinas. 
Fue así que después del aquel banquete, continúa comentando González Warcalde, [Avellaneda] se traslada a la Estancia San Isidro (antiguamente parte de la Estancia de Jesús María) de su primo y amigo Nemesio González. El Dr. Avellaneda le pregunta a Don Nemesio "¿Qué puedo hacer por estos lugares donde he pasado tiempos tan felices?, respondiéndole aquel:"Acuérdate que aquí están las tierras públicas de Caroya, que tu conoces bien. Allí podrías fundar una colonia con riego, de agricultores italianos que tanto progreso traerán a esta zona. 
A poco de regresar a la ciudad de Buenos Aires, Avellaneda remitió al Congreso el proyecto de ley, creando la Colonia, Ley del 10 de Julio de 1876, para lo cual se destinaban parte de las tierras de la antigua estancia.” 
A través del Departamento General de Inmigración y por medio de la Embajada del Reino de Italia se hizo un llamado formal a los pueblos italianos para afincarse en la nueva colonia. A mediados de septiembre de 1877 se contrató un contingente de familias friulanas para viajar a las colonias agrícolas argentinas que se embarcaron en diciembre en el puerto de Génova. Luego de un largo y penoso viaje, los inmigrantes friulanos arribaron al Puerto de Buenos Aires un 14 de enero de 1878. La parte más numerosa de este contingente fue destinada a la Colonia Nacional “Presidente Avellaneda” (Prov. de Santa Fe); otro grupo fue enviado a Chaco y los restantes permanecieron a la espera en el Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires. 
Recién a fines de febrero, se decidió alquilar unos vagones de carga al Ferrocarril y enviar al tercer grupo de familias a las tierras de Caroya. (estaba dispuesto originalmente que el nuevo asentamiento se llamaría Colonia San Martín, por cumplirse aquel año el centenario del natalicio del Padre de la Patria). Con esta decisión se estaba creando la primera colonia de inmigrante agrícolas europeos de la Provincia de Córdoba. 
Así fue que, la tarde del 15 de marzo de 1878 (fecha fundacional de la Colonia) asistió a la llegada de las familias friulanas pioneras que, desde el tren detenido frente a la Estancia Caroya, bajaban con sus pertenencias y una mezcla de esperanza y temor por su porvenir en estas tierras tan lejanas. 
La casona de la Estancia Caroya, convertida en Hotel de Inmigrantes, albergó al grupo de colonos hasta que pudieron construir sus primeras viviendas precarias. Esos primeros años fueron muy sacrificados. La cruda realidad no tardó en hacerse a la luz. El vergel prometido, era un denso monte de espinillos y matorrales que a fuerza de trabajo más trabajo, en pocos años quedó transformado en una verde llanura cubierta de sembradíos y frutales. 
En ese camino no faltaron las más variadas circunstancias adversas: la escasez de agua en la zona sumada a las recurrentes sequías; la falta de medios y las promesas incumplidas, las plagas, el granizo y hasta una epidemia de cólera, pusieron a prueba permanente el temperamento de estos verdaderos pioneros. No menos pesada era la carga de nostalgia por el desarraigo que debieron soportar. 
Pero tanto tenacidad rindió sus buenos frutos. En pocos años, lograron transformar la tierra, construir intrincados canales de riego, levantar sus viviendas, iglesias, y aferrados en sus tradiciones dotar a la joven colonia de una identidad cultural inconfundible que hoy es uno de sus tesoros expuestos con más orgullo. Poco a poco, sus hombres hábiles constructores, eran contratados en los más variados lugares. Las diferentes producciones como la vitivinícola o la de los chacinados comenzaron a hacerse famosas y a ganarse mercado. 
Y así, casi de la nada, con su firme fe en Dios, sus costumbres y al amor por el trabajo y por la tierra Colonia Caroya se abrió un importante capítulo en la historia.

Texto: Lic. Cristian J. Brovelli