Un espacio para difundir las actividades de los fogolares del mundo.
Un sito per diffondere le attività dei fogolârs ator pal mont.


El amor por la nobleza de la madera

Leopoldo Ortis, nació el 10 de septiembre de 1901 en Paluzza, Provincia de Udine. Aprendió el oficio de carpintero. Hizo el servicio militar en el Regimiento Alpino, de lo que siempre sintió orgullo. Llegó a la Argentina en el Barco Cesare Battisti. Casado con Roma Englaro, también nacida en Paluzza, tuvieron dos hijos: Vicente Romano y Ana María Catalina. Poldo, como era conocido por sus amigos, se radicó en la provincia de Santa Fe, vivió muchos años en la ciudad capital.

Fue presidente del Centro Friulano de Santa Fe en dos períodos. Dejó a sus descendientes un legado sustentado en valores. Su familia, sus amigos y la comunidad friulana lo recuerdan como un ser ejemplar y un virtuoso artista. En la institución que presidió ha dejado además de un buen recuerdo, una línea ética presente en las generaciones que lo sucedieron y como herencia tangible y parte invalorable de su patrimonio, cuadros y obras de ebanistería que se exhiben con orgullo.

Leopoldo Ortis, en palabras de su hija Ana María

El apellido Ortis tiene origen español, Ortiz, pero en el siglo XV, unos antepasados emigraron de España a Italia, donde el apellido se transformó (cambió la z final por s). Pasaron por toda Italia, del sur al norte, quedando finalmente en Paluzza. Estos son algunos recuerdos, rescatados de mi memoria, de lo que mis padres nos contaban, de narraciones que alguna vez escuché….

Poldo, como lo llamaban en la intimidad de la familia, tenía cinco años cuando perdió a su padre. Este hecho lo marcó profundamente y lo dejó con mucho dolor, pues si bien era el más chico de sus tres hermanos, se hizo responsable de su madre, a quien nunca abandonó a pesar de la distancia que los separaba, un mar en aquellas épocas. Mi abuela nunca se sacó el luto por la muerte de su esposo, vistió de negro el resto de su vida, luchando siempre para salir adelante con la ayuda de sus hijos. Cuando llegó la guerra del '14, como todos los niños de entonces tuvo que abandonar la escuela primaria, creo que en quinto grado, porque las escuelas se convirtieron en hospitales. Él y su familia se quedaron en el pueblo; aguantaron y sobrevivieron como pudieron, pero quedaron destruidos espiritual y materialmente.

En Paluzza, un ambiente pueblerino, donde los jóvenes se reunían para cantar, realizar caminatas y participar en todos los acontecimientos de la Iglesia, se conocieron mi papá, Leopoldo, y mi mamá, Roma Englaro. Se casaron un día domingo en la misa de la mañana, por sugerencia del cura del pueblo, en la iglesia de San Danielle. Antes de casarse, vivió alrededor de 2 años en la ciudad de Roma. En la semana trabajaba y los domingos y feriados se dedicaba a conocer la ciudad, sus museos, monumentos y obras de arte y a leer para formarse e ilustrarse, como hizo durante toda su vida.

Nació su primer hijo Vicente, y comenzaba la amenaza de una segunda guerra. Llegaron los problemas, la falta de trabajo, manifestaciones políticas, la guerrilla… El temor hizo que todos comenzaran a emigrar. Mi papá buscó entonces nuevos horizontes en la Argentina, a la que llegó solo. Trabajó en Tostado, al norte de Santa Fe, como encargado de una usina eléctrica y una fábrica de hielo. Resistió durante un año la soledad, el clima caluroso y la inhospitalidad del lugar, pero la depresión causada por ello lo impulsó a abandonar el pueblo y dirigirse a San Fabián, al sur de Santa Fe, donde su tío consiguió ponerlo al frente de la usina eléctrica. Una vez asentado, se organizó y fue a buscar a Roma y su hijo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando ya se encontraba en Argentina, recuerdo las encomiendas con alimentos que le enviaba a su madre, elegiendo la lista de víveres, buscando siempre los que tenían más café, que a ella le gustaba mucho. Luego de la guerra, Poldo fue de aprendiz en una carpintería donde adquirió conocimientos que puso en práctica en la madurez de su vida, como "hobbie", dejándonos una valiosa herencia de muebles, cofrecitos, bandejas, cuadros, hechos por él para su familia, sus amigos, médicos que lo atendieron con cariño en el final de sus días, porque siempre fue una persona muy querible, muy educada, muy respetada en cualquier lugar donde actuaba.

Es un orgullo ser su hija. Todavía lo veo sentado después de cenar, leyendo por horas, mientras sus hijos estudiábamos y su esposa, Roma, tejía escuchando la radio. Al Centro Friulano, del cual fue presidente en dos oportunidades y en el que siempre ayudó y compartió amigos, le donó, entre otras cosas, un cofre hecho por él para guardar banderas, que es una verdadera joya. Éste se encuentra en la Secretaría del Club, junto a cuadros alegóricos del Friuli, expuestos en eventos importantes.

Poldo era un autodidacta a quien todos recurrían para que les dé su consejo, la solución a algún problema; era el compañero que respondía a todo lo que le pedíamos, un sabio que aunque no tuviera títulos sabía cómo comportarse en la vida. Nunca le interesaron las riquezas; se conformaba con lo que tenía y gozaba de las comodidades hogareñas que había logrado con su trabajo para su familia. En el pueblo de San Fabián nací yo, Ana María, Nina para mis amigos. Allí pasamos la infancia y al finalizar mi hermano la escuela primaria, vinimos finalmente a vivir a Santa Fe, donde continuamos estudiando.

Vicente Ortis, mi hermano, se recibió de abogado y yo, de maestra normal. Es en esta etapa que comenzó su participación en el Centro Friulano. Cuando fuimos mayores, mis padres pudieron realizar un viaje a Italia, donde estuvieron varios meses, recorriendo su tierra natal. Visitaron el Regimiento Alpino en las montañas, donde mi papá hizo el servicio militar, y trajo sombreros alpinos con la pluma que los identifica, para todos los friulanos el Club que habían participado junto a él en el ejército, y medallas de reconocimiento brindadas por el Regimiento.

Esos son algunos recuerdos de una vida intensa y rica, que aún con el paso del tiempo sus nietos recuerdan con cariño. Ellos, sus hijos y su esposa lo adoraban y fueron la felicidad de Leopoldo.

Ana María Catalina Ortis

Fuentes:
• Testimonio de la Sra. Ana María Catalina Orti.s
• Centro Friulano de Santa fe, archivo institucional.
• Registro oral de antiguos socios.
• Portal Virtual de la Memoria Gringa El Museo Altrocché, inserto en el Portal Virtual de la Memoria Gringa, propone ampliar el conocimiento sobre la cultura italiana en la región a partir de estrategias comunicacionales y recursos expositivos innovadores.

Cofre de las banderas del Centro Friulano de Santa Fe

La Ebanistería

En el siglo XVIII aparece el término "ebanistería" para diferenciar el oficio del artesano con las técnicas de carpintería. El término deriva del nombre "ebano" (raíz de la Nubia, Egipto) que derivó en Roma a ébano (negro) color de una madera muy preciada. El oficio encargado de trabajar con esta materia preciosa en objetos de carácter más decorativo que utilitario, justificó el traslado semántico.
En el siglo XV nace en Italia la marquetería, y en el siglo XVI surge una nueva categoría de artesanos que trabajan las materias primas raras, en particular el ébano. Estos artistas de la madera crean los métodos del intarsio y del impasto y comienzan a aplicarlo en grandes muebles y en paneles decorativos.
A partir del S. XVII este arte se expande por toda Europa. Los inmigrantes italianos trajeron consigo este patrimonio cultural y destreza artística, y con su maestría ayudaron a cambiar y dar gracilidad y riqueza expresiva a la decoración mobiliaria de propiedades privadas y edificios públicos.

(Museo Altrocché , inserto en el Portal Virtual de la Memoria Gringa)