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El Trùc

Por Catalina De Faccio

El Trùc es un juego tradicional de Pascua. Esta antiquísima tradición se mantiene aún hoy en Cividale. Se conocen documentos antiguos que mencionan a este juego en el siglo XVIII, pero se sabe que es aún más antiguo.

Consiste en hacer descender los huevos -deben ser de gallina y estar cocidos- rodando hacia abajo por un campo de juego construído con arena casi redondo, y que tiene un punto de partida, una teja, por donde los jugadores deben tirar los huevos. En ese punto tendrá un metro de altura y luego desciende. El objetivo es el de golpear los huevos de los contrincantes. Aquel que golpea un huevo que ya este en Trùc tiene otro tiro. El jugador que resulta abatido debe pagar una moneda para poder rescatar el suyo y ponerse en fila para esperar su pròximo tiro.

La Pascua fue siempre un momento importante para el friulano, sobretodo para los que estaban lejos de su tierra.

Siendo una tradición que se transmitía de generaciones, nos tocaba a nosotros aprenderlo. Contentos todos los chicos por tener un juego que era solo nuestro, sabiendo que era el que jugaban nuestro padres en Friuli.. pero además porque unía a toda la familia.

Los preparativos comenzaban una semana antes. Se pensaba en la comida en ir a misa pero también a preparar el Trùc! Ante todo se elegían los huevos más lindos para después pintarlos o decorarlos.

Mi madre, Alba, me enseñó a prepararlos como los hacía mi abuela Catalina en Cividale.

El caso era que todos los primos habíamos tenido la misma abuela! Entonces hacía falta un poco de creatividad para que no fueran todos iguales.

Por ejemplo los envolvíamos con cáscaras de cebolla, metiendo otras cáscaras, hojas de perejil u otras hierbas, se volvían a envolver con pedazos de trapos de algodón, se ataban con piolín y se hacían hervir durante quince minutos. El efecto era maravilloso.

Para pintarlos había que hervirlos primero, una vez fríos se dibujaban con diseños pascuales, florcitas, los nombres de los jugadores, etc. Y con lo que había en casa se pintaban. Nos esforzábamos para hacer los huevos más lindos y originales. El sábado de Pascua mi tío Guerino preparaba el campo de juego con la arena y los ladrillos. Mi padre Aldo le iba a dar una manito, porque llevaba mucho trabajo hacerlo.

Me acuerdo de las carcajadas con mis primos cuando los huevos al golpearse se desarmaban. Cuanta alegría ver a nuestros padres jugar como cuando era chicos.

Y después de haber roto todos los huevos, se iba a comer la rosca y los huevos de Pascua tan merecidos!

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