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Marescalc - Maniscalco

Los observadores más atentos pueden encontrar aún hoy en Cividale significativos signos de esta antigua actividad: algunos anillos de hierro donde se ataba al caballo, una piedra ahuecada donde se apoyaba pata para ser herrada, los restos de cobertizos donde se colocaba el yunque. Restos de una presencia absolutamente necesaria para la vida y obra de una comunidad agrícola y comercial. De hecho, no sólo el caballo tiraba con fuerza los carros que transportaban mercaderías tales como la madera, harina, el heno fragante y los tanques llenos de uvas de la vendimia local y del Natisone, o la grava pesada, sino también los rápidos carruajes, abiertos o cerrados, para viajes largos o para llegar al hogar después del mercado.

El caballo necesitaba además de otros arneses: sillas de montar, el collar y en especial el meticuloso cuidado del experto herrero al momento de la colocación de la herradura, quien ayudado por el niño que le sostenía la pata, colocaba la forja caliente o fría en los potentes cascos.

La herradura era una pieza hecha artesanalmente por manos expertas que hacían sentir al caballo muy tranquilo, al punto de percibirlo y entregarse mansamente al hábil herrero.

Final de la posía Canzone
por Ermes di Collorêt (1622-1692),
con agregados de Pietro Zorutti
Udine, Editorial fratelli Mattiuzzi, 1828.

Se il furor po us inflame,
Vo podès chest mes d'avost,
Imparand a uestri cost,
Refreschiassi cu la grame.

E se pur us covente alc,
Tochià il pols, vedè l'urine,
O frëà la paladine,
Mandarai lu marescalc.

E cun chest us uei lassà;
Che sòi stuf di vo e di me:
Nè us uei nanchie ringrazià,
Ma vo dimi gramarcè."

Maniscalco all' opera a Ronchi dei Legionari - 1915